Recuperemos la CALMA

Volvemos a encontrarnos en el comienzo de un año, nuevamente nos debatimos entre la incertidumbre de lo que será y los deseos de aquello que nos gustaría lograr.
Tiempo de propósitos, de expectativas, de inscripciones y coleccionables.
Hace unos días, charlando con mi amiga
Lola en el tanatorio mientras despedíamos a un gran amigo, ella me dijo: ”¿sabes?, esa frase de “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy,
esa expresión que siempre nos ha llevado de cabeza a la culpa judeocristiana,
al esfuerzo de no dejar las cosas a medias, de terminar el trabajo, de hacer
las tareas pendientes…esa frase creo que en realidad, a estas edades ya
significa otra cosa, significa que no dejemos para mañana las posibilidades de
disfrutar, de estar con quien queremos realmente, de volver a reunirnos con las
amistades…"
Y así lo creo yo también, parece que
nuestras obligaciones y propósitos se deben orientar a aquello que no nos gusta
o no nos apetece hacer, se nos olvida que realmente debemos obligarnos a
aquello que nos gusta, porque es lo que nos conecta con lo que somos, con lo
que amamos, con lo que nos mantiene saludables.
Leyendo la newsletter de revisión
quincenal del Canasto, de Jeroen Sangers, en su estupendo blog sobre
efectividad personal, me quedo con una
pregunta para este comienzo de año, ¿cuál es tu intención?
Comenzamos el año con propósitos,
objetivos, metas, deseos… pero ¿sabemos realmente cuál es la intención que nos
mueve?
Mi intención para este 2022 es
disfrutar y hacer disfrutar, cargarme de energía positiva, ser una contagiadora
de buenas intenciones. ¿Cómo se hace
esto?
Como diría Marian Rojas Escapé, para
esto hay que convertirse en una “persona vitamina”.
Los seres humanos tenemos una gran
capacidad de contagio, solo hay que ver cómo andan las cifras de Covid en estos
momentos. Pero no solo contagiamos virus, sobre todo contagiamos emociones,
pensamientos y hasta intenciones.
Sabemos que detrás de cada emoción hay
un complejo proceso, sobre todo bioquímico, en forma de encimas,
neurotransmisores, sustancias químicas fabricadas por nuestro propio cuerpo.
Incluso conocemos cómo se desencadenan determinados procesos desde las reacciones emocionales: un susto que nos pone en alerta y provoca una subida de cortisol en sangre, que pone nuestros músculos en tensión, nuestra mirada alerta, nuestro corazón a tope…
Si te
encuentras con alguien en tu camino cuando estás con el subidón de cortisol es
seguro que le contagiarás de tu estado nervioso, que aunque quiera calmarte
sucumba a esa alteración y puede incluso que se deje contagiar por tu cortisol
y se produzca una subida en el suyo.
Por supuesto que estos procesos
bioquímicos ligados a nuestras emociones son automáticos y difíciles de regular
desde la razón, para ello necesitamos de otros procesos también automáticos que
desactiven nuestros nervios, nuestro negativismo o nuestra depresión.
Para eso tenemos las “hormonas de la
felicidad”, las endorfinas y en particular la oxitocina, la hormona del amor,
una hormona ligada a la maternidad, esa que nos produce sueño y relajación
cuando amamantamos a nuestras crías o cuando tenemos relaciones sexuales.
Afortunadamente, hay muchas formas de
atraer la Oxitocina.
Algunas
de estas formas están fácilmente a nuestro alcance, como reír,
abrazar, llorar, tocar, escuchar desde la compasión, recordar el placer…Estas
formas son accesibles y pueden activarse en un tiempo no mayor de 8 segundos.
Para
ser una persona contagiadora de energías positivas vamos a ir más allá de los
propósitos, vamos a la intención de poner en práctica esos pequeños
comportamientos diariamente.
8
segundos al día de ejercicio para contagiar en positivo:
Esta es
mi intención para este año, aprovechar esos 8 segundos de abrazo, de risa, de
escucha, de recuerdo.
¿Cuál
es tu intención?
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