En un mundo acelerado, saturado de información, hiperconectado y en el que la tecnología ocupa cada vez más protagonismo en nuestras vidas, es curioso comprobar cómo nuestra capacidad de respuesta y adaptación pende de un fino hilo: el hilo de nuestra conciencia de lo que sucede. Cumplimos procedimientos, seguimos rutinas, ejecutamos protocolos…y mientras tanto… ¿dónde está nuestra atención? Los grandes avances ligados a la automatización de procesos de trabajo se encuentran, a menudo, con el efecto adormecedor que este automatismo tiene para nuestros sentidos. Desde los comienzos de la industrialización y las cadenas de producción, la mano de obra ha ido reduciendo su protagonismo en la ejecución y hasta en la toma de decisiones, los algoritmos deciden ahora por nosotros. Pero realmente hasta en los procesos más automatizados es necesaria la presencia de una mente que observa, que analiza, que relaciona y concluye cuál es la mejor respuesta . Este pr...