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¿Necesitamos un Manual Buenas Prácticas para el uso de los Medios de Comunicación?

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Se dice a menudo que la comunicación es el sistema nervioso de las organizaciones: clarifica, coordina, alinea y sostiene la cultura.  Las empresas con una comunicación interna efectiva toman decisiones más rápido, son atractivas para el talento,  son más ágiles y gestionan mejor el cambio y el avance. Por otro lado, muchas organizaciones siguen funcionando con una multicanalidad caótica, una hiper-conexión desenfrenada y bandejas de entrada saturadas e imposibles de atender . Con este artículo pretendemos compartir las mejores prácticas para hacer que este sistema funcione de manera ordenada. ¿Qué le debemos pedir a una buena comunicación en la empresa? Cada medio para su propósito — Cada medio debe tener una función definida para evitar ruido y duplicación. Mejor la bidireccionalidad — La comunicación no es solo informar: es escuchar. Solo el 44 % de los empleados siente que sus l í deres est á n alineados con ellos, por lo que abrir espacios de di á logo es fundame...

Y miro...y sólo veo

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"Y miro, y sólo veo velocidad de vicio y de locura. Todo eléctrico: todo de momento. Nada serenidad, paz recogida. Eléctrica la luz, la voz, el viento, y eléctrica la vida. Todo electricidad: todo presteza eléctrica: la flor y la sonrisa, el orden, la belleza, la canción y la prisa" Miguel Hernández La verdad es que cuesta ver otra cosa, aunque existe una realidad calmada, tranquila, analógica aún, conectada con la naturaleza, que es lo que somos. Es difícil encontrar un tiempo para la calma y un lugar para la confianza en el ser humano, pero vamos a creer que existe. ¿Cómo no? Vamos a ponernos un propósito para este año que está aún desperezándose. Pero por favor, sencillo.

El drama de la comunicación

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¿Cuánto tiempo al día pasas enviando mensajes?, ¿C uánto de tu día consiste en leer y ver información?

Tiempo al tiempo

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Mi padre era relojero, relojero diplomado , como le gustaba recalcar, fue uno de los primeros estudiantes a distancia ,  se sacó el título de relojería por correspondencia, a principios de los 60. Trabajaba arreglando relojes para varias tiendas, era algo así como un relojero freelance . Tenía el taller en casa, en  su mesa de relojero, con todos esos frasquitos y herramientas diminutas: en un cajón cientos de repuestos de cristales de distintos calibres, cada uno en su sobre de papel amarillento; en otro cajón  espirales, tijas y las fascinantes cajitas con rubíes.  Sobre la mesa la campana de cristal, el frasco de gasolina, el aceite… y la lupa. Pasaba larguísimas horas encorvado sobre la mesa, con la lupa calada en el ojo izquierdo . Cada día se enfrentaba al reto de poner a punto dos, tres, cuatro relojes, a veces más, con prisas por el compromiso de entrega de la relojería para la que trabajaba. Y  todo esto compartido con su otro trabajo...