Una buena intención y 8 segundos

Volvemos a encontrarnos en el comienzo de un año, nuevamente nos debatimos entre la incertidumbre de lo que será y los deseos de aquello que nos gustaría lograr.

Tiempo de propósitos, de expectativas, de inscripciones y coleccionables.


Hace unos días, charlando con mi amiga Lola en el tanatorio mientras despedíamos a un gran amigo, ella me dijo: ”¿sabes?, esa frase de “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, esa expresión que siempre nos ha llevado de cabeza a la culpa judeocristiana, al esfuerzo de no dejar las cosas a medias, de terminar el trabajo, de hacer las tareas pendientes…esa frase creo que en realidad, a estas edades ya significa otra cosa, significa que no dejemos para mañana las posibilidades de disfrutar, de estar con quien queremos realmente, de volver a reunirnos con las amistades…"

Y así lo creo yo también, parece que nuestras obligaciones y propósitos se deben orientar a aquello que no nos gusta o no nos apetece hacer, se nos olvida que realmente debemos obligarnos a aquello que nos gusta, porque es lo que nos conecta con lo que somos, con lo que amamos, con lo que nos mantiene saludables.

Leyendo la newsletter de revisión quincenal del Canasto, de Jeroen Sangers, en su estupendo blog sobre efectividad personal,  me quedo con una pregunta para este comienzo de año, ¿cuál es tu intención?

Comenzamos el año con propósitos, objetivos, metas, deseos… pero ¿sabemos realmente cuál es la intención que nos mueve?

Mi intención para este 2022 es disfrutar y hacer disfrutar, cargarme de energía positiva, ser una contagiadora de buenas intenciones.  ¿Cómo se hace esto?

Como diría Marian Rojas Escapé, para esto hay que convertirse en una “persona vitamina”.

Los seres humanos tenemos una gran capacidad de contagio, solo hay que ver cómo andan las cifras de Covid en estos momentos. Pero no solo contagiamos virus, sobre todo contagiamos emociones, pensamientos y hasta intenciones.


Sabemos que detrás de cada emoción hay un complejo proceso, sobre todo bioquímico, en forma de encimas, neurotransmisores, sustancias químicas fabricadas por nuestro propio cuerpo.

Incluso conocemos cómo se desencadenan determinados procesos desde las reacciones emocionales: un susto que nos pone en alerta y provoca una subida de cortisol en sangre, que pone nuestros músculos en tensión, nuestra mirada alerta, nuestro corazón a tope…

Si te encuentras con alguien en tu camino cuando estás con el subidón de cortisol es seguro que le contagiarás de tu estado nervioso, que aunque quiera calmarte sucumba a esa alteración y puede incluso que se deje contagiar por tu cortisol y se produzca una subida en el suyo.

Por supuesto que estos procesos bioquímicos ligados a nuestras emociones son automáticos y difíciles de regular desde la razón, para ello necesitamos de otros procesos también automáticos que desactiven nuestros nervios, nuestro negativismo o nuestra depresión.

Para eso tenemos las “hormonas de la felicidad”, las endorfinas y en particular la oxitocina, la hormona del amor, una hormona ligada a la maternidad, esa que nos produce sueño y relajación cuando amamantamos a nuestras crías o cuando tenemos relaciones sexuales.

Afortunadamente, hay muchas formas de atraer la Oxitocina.

Algunas de estas formas están fácilmente a nuestro alcance, como reír, abrazar, llorar, tocar, escuchar desde la compasión, recordar el placer…Estas formas son accesibles y pueden activarse en un tiempo no mayor de 8 segundos.

Para ser una persona contagiadora de energías positivas vamos a ir más allá de los propósitos, vamos a la intención de poner en práctica esos pequeños comportamientos diariamente.

8 segundos al día de ejercicio para contagiar en positivo:

  • Ríe a diario, de manera sincera, con todo tu cuerpo, con conciencia de ello, prestando atención al ritmo de tu respiración cuando te ríes, a los impulsos de tu abdomen, dejándolo suelto, sin coartar tu carcajada, escuchándote reír.
  • Abraza, con la seguridad de una mascarilla si hace falta, pero abraza al menos durante 8 segundos, menos es poco. Solo a partir de esos 8 segundos tu cuerpo reicibirá el mensaje que hará subir tu oxitocina, presta atención al efecto que tiene en ti, déjate abrazar, de manera consciente de lo que ese otro cuerpo significa para ti.
  • Llora, cuando el llanto venga a ti no lo coartes, no cierres la puerta a las lágrimas y deja que tu cuerpo se suelte, incluso se convulsione con un hipo que primero representa tus barreras y luego dejará una sensación de calma.
  • Recuerda, lo que te reconcilia y te hace sentir bien, lo que te lleva a ese estado emocional contagiador, recuerda reviviendo como si estuvieras allí, viendo lo que veías y sintiendo lo que sentías en ese momento de disfrute o placer, verás cómo cambia tu mirada, tu respiración, tu expresión.
  • Escucha desde la compasión, evitando el juicio, disfrutando de escuchar por escuchar, interesándote de verdad por el otro, escúchate a ti primero, y date permiso para disfrutar, para contagiar buenas emociones, para contagiar oxitocina.

 

Esta es mi intención para este año, aprovechar esos 8 segundos de abrazo, de risa, de escucha, de recuerdo.

¿Cuál es tu intención?


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